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Síndrome de Estocolmo

Escrito por Alfondoalaizquierda 29-04-2015 en poesía. Comentarios (0)

Somos enfermos terminales que se juran amor eterno. 

Terminales de aeropuerto en los que sólo se llora por los reencuentros;

Hay un puente aéreo entre tu boca y la mía en el que siempre viajo en clase turista y una ciudad sin mar por la que me encanta perderme 

cada noche 

todos los días. 

Hay dudas en mi cabeza de las que yo no he salido y que tú conoces como la palma de tu mano.

Aves que son raras en mi pecho y que van a beber de tu lengua cuando silban tus labios. 

Se me llena el buzón de los sueños de publicidad subliminal los días que tú no estás 

y tengo que darme al onanismo para aliviar las tensiones que generan las ganas de querer y no poder,

de ser y no estar.

Es por nosotros que de aquellos polvazos estos lodos,

que de aquellos cafés

estos posos.

Somos una simbiosis imperfecta y asimétrica que nos mantiene conectados por el hilo de kevlar del pasado.

Somos dos funambulistas que se han acostumbrado a vivir en la cuerda.

"Artistas del hambre".

Somos dos secuestrados con síndrome de Estocolmo.





La Chica Quitamiedos

Escrito por Alfondoalaizquierda 07-04-2015 en poesía. Comentarios (0)

Me paro, a veces, a la sombra del frondoso árbol de mis derrotas a pensar en qué habría sido de mi vida si Tú no te hubieras cruzado en ella.

Pienso en la inmensa cantidad de casualidades que me hicieron tropezar y llegar rodando al metro cuadrado de bar que estabas pisando aquella noche

y en todos los destinos y horizontes que se hicieron añicos con sólo un grito de tu mirada.


He imaginado mil veces mi vida desde entonces.

He analizado cientos y cientos de variables:

Nombres, trabajos, ciudades

y siempre aparecías tú.

Tú eres la constante.

Mi tótem. 

El hogar al que regresar siempre en este mundo cambiante;


Eres la chica quitamiedos

porque quitaste los ruedines a mi amor infantil y deshiciste con la lengua todos los nudos que apretaban las camisas de fuerza de mi poesía. 

Porque antes de ti yo vivía en un estado de coma inducido por mí mismo y por mi pánico a las carreteras de sentido único. 

Y, ahora, no me asusta tanto la idea de no volver a probar otras tetas

ni oírte decir que debería beber menos cerveza.

Se me hace la boca agua de pensar en el postre que siempre espera entre tus piernas;

Ahora, cómete mis raices

crece dentro y, por favor, 

dame mucha sombra.

Que algún día pueda sentarme a escribir la que fue mi única y más bonita victoria.